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viernes, 16 de diciembre de 2011

Diez años en España (Parte 1)

Capítulo 1: Antes de la catástrofe
(corralito, caos y surrealismos varios)


A veces, uno busca fuera lo que debiera encontrar dentro. Y allí debería encontrarlo porque allí está.
Hoy quería escribir algo interesante en el blog.  Intento escribir algo cada semana, para que esta comunicación nuestra no quede encerrada en el ámbito de una sala de conciertos, ni "solamente" se trate de música.
La música es enorme, la vida lo es aún más.

Quería escribir algo interesante y como no encontraba el qué, decidí no escribir nada:
Si no tienes nada interesante que decir, haz silencio.

Ahora caí en la cuenta de que hace diez años me subí a un avión por primera vez.


Y vaya viaje: trece horas de vuelo.

Me di cuenta de ello hace un momento y son las 23:40 del 12 de diciembre, así que quizás termine de escribir esto mañana.

Hace once años, yo, tenía un trabajo excelente relacionado con la industria de la música, y ganaba buen dinero. Además era casi una niña, así que el futuro sólo podía ser maravilloso. Estaba en dos producciones teatrales y empezaba a montar mis propias cosas.


Foto de mi primer acercamiento al "Cabaret" del show
autoproducido "Caléndulas Majas" año 2000, Buenos Aires.
Uno o dos meses antes de que me quedase sin trabajo, (quizás aún antes) empezaba a respirarse un aire enrarecido en Buenos Aires. Nada me afectaba: cobraba un gran sueldo , tenía un trabajo "codiciado"... 

Para mí (que no entendía demasado lo que sucedía), que la gente se quejara del país en que vivíamos, era algo típico del paisaje bonaerense. La frase "Todo tiempo pasado fue mejor" podría haberla escrito perfectamente un porteño, mirando a la lontananza con un mate en la mano.
Antes de que la clase política terminase con el patrimonio económico del país, y los genocidios militares hicieran desaparecer a gran parte de la juventud intelectual argentina, el país había sido una potencia económica, nuevo hogar para inmigrantes entusiastas y ejemplo de activa metrópolis: "una pequeña París en América del Sur". Pero de eso quedaba poco.


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Mi trabajo "de oficina" en esa época era el de encargada de compras  de Jazz y Clásica de la cadena más grande de tiendas de música de América Latina. Nada "artístico", pero me permitía escuchar una cantidad increíble de discos y conocer a los artistas que iban a Buenos Aires a promocionar sus grabaciones (una vez terminé yéndome de fiesta con los 12 celistas de la Filarmónica de Berlín y parte de la orquesta que dirigía Abbado, a bailar tangos y recorrer discotecas de lo más surrealistas rodeados de travestis, para terminar desayunando en no sé qué hotel - o sí lo sé - al borde de una piscina, con ellos a punto del coma etílico - incluso, y os daréis cuenta del estado en el que estaban - me invitaron a subirme a un avión para ir con ellos a su siguiente concierto en Sao Paulo).
"Caléndulas Majas" Año 2000
Pero aquél trabajo en sí, no era lo mío: números, compras y vender, vender y vender.

Solía llevar un diario personal en el que escribía algo todos los días a la hora de la comida.
Aquél día en vez de comer en la empresa salí, me subí a un autobús y me fui a "Pacífico", una zona de Buenos Aires, en la que había visto un cuadernito que me gustaba. Fui a la tienda y me lo compré.

Me senté en un café y escribí, entre otras mil cosas estas palabras: "No quiero trabajar más en este lugar. No lo soporto." (todavía tengo ese cuaderno forrado en corcho y de páginas lisas, porque en sus folios comenzó todo este viaje en el que llevo diez años).

Pero unos días antes, habían despedido a muchos empleados de la empresa y me había asustado. No podía renunciar. Mi sueldo era demasiado bueno, con la que estaba cayendo.
Aún así, ese trabajo me tenía agotada.
Aquella tarde, para comer, me tomé tres horas en vez de una. No me importaba nada, estaba harta del "marketing".

Al llegar a mi puesto, mi jefe me mandó llamar. Yo le tenía mucho cariño (este hombre realmente amaba la música) y él me tenía cariño a mí.
Me dijo: "Lo siento muchísimo, Pía, pero no vamos a seguir trabajando juntos. La empresa nos obliga a reducir los gastos, y la música clásica es el sector que menos ingresos genera, así que  suprimiremos la sección especial de compras de 'clásica' ".
Me miró y me dio un abrazo.
Yo me reí! Le pedí que me esperase un momento y fui a buscar mi cuaderno nuevo. Le dije: acabo de escribir esto en mi diario. Y allí estaba la frase: "No quiero trabajar más en este lugar. No lo soporto".

Claro que ahora se me venía encima una buena, pero yo no lo sabía.


Y... ¡BUM! Todo a la mierda. 


(La semana que viene, más!)